biografía urgente


o muertegrafía...

moriré donde cuando como quiera certeza de

sólo 60 segundos ajeno -eso espero- de toda
viruta de memoria sin los pasos que me eternizaron
en el tayrona y en esos cuantoscorazones sin
las metáforas detrás de las que me escondí sin rostros
sin arrañazos ni bocasrotas sinpelos en el pecho
sin fijaciones ninguna clase de sexuales...

moriré a una vida en la que me reconoceré muerto
para tanta tanta gente que desconocí para
un planeta agua tierra viento fuego desterrado
de títulos o apodos y soles que me acanelaron
el ego de sonrisas que me mortalizaron o
lágrimas que también en el silencio de nadie
solo siendo pezorugavegetalmujer acaso nada
niño siempre anciano otras siempre convertido en
el abel descalabrado por el dios de la abuela en domingosmisa..

esa será entonces mi biografíaurgente para
cuando alguien necesite saber quién fui
pero para cuando tu necesites saber quién soy
abre reflejos ahí donde estás parada de pie en
la vitrinaespejocieloventana sustanciadesatada
desde esta mañana fuerte imperioso emergencio...
por otra parte ingenuo tabla también
virtualreencuentro...

modesto sastre valiente desea remendar saudades (agosto30 de 2.005)


aparto a la tarde por un instante
tan leve y fugaz ocaso
y me ofrezco para coser nostalgias perdidas
para lo que necesito:

algún sueño dali -aguja de reloj sin tiempo-

laberinto en creta

-hilos de ariadna exótica y asumirme minotauro-


una heridagrieta en carne viva

-del amanecer que no llega o se fue-


o tan sólo una palabra tuya

gus ven
sol pan hoy
mar sal pez

ya ya ya dos sin más por

ana voy
col frío
paz
lar una tres más por
NO SE ME IMPORTA UN PITO (Oliverio Girondo, argentino

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"...
y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

divago...


y justamente donde las manos no alcanzan tienen los ángeles las alas...