LITERALMENTE... colectivo literario de ta.li.u.m.


PRESENTACIÓN
Por: Lic. Gustavo H. Arrieta López

Siempre es grato saber que se están dejando semillas sembradas por donde pasamos y que por este sendero de la vida que ha sido para mí el Taller Literario, desde que lo creáramos por allá en el 91 varios compañeros del extinto programa de Lenguas Modernas junto a profesores de la talla de Martiniano Acosta, quien evidentemente prologa la presente edición, hasta hace tres años que lo refundaran las iniciativas del rector titular Carlos E. Caicedo Omar; tales semillas del TA.LI.U.M. han encontrado un gran campo fértil para buenos cultivos y buenas cosechas.

Los jóvenes escritores y poetas aquí publicados se fueron congregando por este camino que se dirige hacia la “ruta que va al sur”… mientras forjaban, antes que letras o palabras, toda dinámica de vida, entre la academia y la lucha por su propia superación, entre los talleres de lo que llamé de “apreciación y creación” con la visita de poetas y escritores en cuerpo y alma o sólo de cuerpo o sólo de alma, entre las virtualidades de los blogs en internet y la identidad de imágenes, entre la música de los argentinos de antes y las películas de todos los tiempos y los tintos del parque de Bolívar o las casi ebriedades de los fines de semana.
Todos ellos constituyen la esencia para alcanzar el fruto anhelado de esta publicación y por tal motivo me propuse descifrarlos en la constancia de los días o encriptarlos en los entrelíneas, -subterfugios que los graduarán profesionales en sus respectivas áreas pero en adelante llevarán un matiz distinto o a los otros, delineado en el rostro o en el modo de andar o decir:

Encuentro en Adriana Zapata a una narradora por naturaleza que responde con la escritura a esas voces ancestrales del Caribe. En Álvaro Acevedo, con su corazón de pájaro mítico representa lo que no se puede tapar con un dedo y palabra funda imperios. En Angélica Campo, vivo ejemplo del adalid que en la plaza pública levanta su puño, su lenguaje de esperanza para labrar reflexiones.

Carlos Pimienta, sabe que la juventud requiere de la redención corporal y mental, mientras que desde su vocación de médico receta las historias del perdón; Cristian Casallas, construye sus industrias poéticas desde la desfachatez de su modo de ver y sentir para evadir quizá la responsabilidad de las rutinas esclavizadoras de la posmodernidad.

Diana Bonilla, el hada que aprende tanto a volar como a mezclar ingredientes mágicos para esta vida gourmet. Elvira Olivo, la voz que otorga luz los versos más abismales cuando la caída libre va de las palabras a los hechos. Erika Ortiz, en la antropología encontrando las respuestas a las respuestas.

Félix Liñán, poseedor de la imagen futurista y sin esperanza del mundo. Jorge Mario Sarmientoperez, hasta donde su voz alcanza, hasta donde su vista alcanza, dominios de la eternidad que le son propicios para la conquista del poema. José Bins Torres, transeúnte de la vida en el aprendizaje de los designios del dios que le otorga, como a Diógenes, su lámpara. Julio Azar, acertado el talento con que él se la juega toda en busca de la imagen o secuencia de la realidad que es el dejá vú del éxito.
Luís González, paso a paso descubre los tránsitos de sus constelaciones por las sombras de las gentes sin avenidas. Marshall Monterrosa, inquieto duende de las historias por contar, él mismo las escribirá, él mismo las leerá para quienes no desean soñar. Mauricio Arrieta, sus alter ego le permiten ser escritor y protagonista y antagonista y editor y lector y crítico, y si acaso él se sabe uno sólo tanto para la imagen como para las letras.

Oscar Fernández, cierto misticismo, quizá ascético, hacen de su escritura puntual desde el ser y para el ser. Pedro Hernández, asomarse al agujero en el árbol para emprender este viaje literario a través de la magia de su literatura. Verónica Meléndez, transciende la fotografía de los hechos para contar sus impresiones de oráculo y presagio. Yariffe Marín, un latido como un pálpito desciende desde sus afanes de princesa índigo, la metáfora es su estandarte de paz, aunque su lápiz es el estratega de las batallas.

Testimonio entonces, esta ingenua publicación llena de aciertos, sin el temor de equivocarme y defendiéndola a capa y espada. Evidencio el acto de la promoción de la lectura y la escritura como circunstancias de un imaginario cultural, para que a futuro, sombras milenarias de aquello que hoy es retoño, nos amenice los mediodías calurosos de este trópico Tairona y Caribe.

Gustavo H. Arrieta López
Octubre 10 de 2.008

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