PRÓLOGO A "REGRESEMOS A QUE NOS MATEN AMOR" de Adolfo A. Ariza


REGRESAR ES VIVIR… por Gustavo H. Arrieta López

Para los colombianos que no vivimos directamente el “conflicto” (entiéndase por conflicto y no se olvide nunca, las masacres - imágenes como latigazos-, las desapariciones, los desplazamientos, el narcotráfico, la corrupción -no me atrevo a utilizar el etcétera-, las extorsiones, los asesinatos selectivos… -y todo para mantener la democracia tal cual como está-); para muchos de nosotros, como los poetas, los que no le aullamos a la luna, este estado de cosas nos lleva a desear ser como los superhéroes de la tele y nos preparamos siempre, con el lenguaje, para la “batalla” -con armas tan poderosas hechas de palabras… ¡Cómo le tienen miedo los violentos a las palabras!. Cuántos de nosotros, como el poeta Joaquín Vizcaíno Vizcaíno a quien menciona el autor, no han inmortalizado sus versos y su nombre frente a la injusticia y la cobardía de los demás.

Qué arma bélica son las palabras en los altos recintos cuando no se ha podido o no se ha querido acabar con la gallinita de los huevos de oro, pero si con los que le echan el maíz; qué objeto contundente resultan las palabras en cualquier calle de cualquier ciudad, de las nuestras, cuando las voces no alcanzan el grito-fruto deseado; qué cosa representan las palabras escritas versos entre las páginas selectas e inexploradas de tantos libros de poesía.

Adolfo Antonio Ariza Navarro debe cargar sus poemas cual cruz a cuestas, no sólo por su homenaje, a modo de minuto de silencio, al extinto municipio de Avianca (Magd.) con el que presenta su trabajo sino también porque al evocar lo ocurrido, está apuntándole a aquellos violentos de algún modo, y amenazándolos: “regresaremos a que nos maten”…

Luego ese tono impersonal con el que asume a varios de sus protagonistas… a Anael, “Cerremos el baúl con los antiguos recuerdos / y abramos uno nuevo, / con el viento y el olvido a nuestro favor.”; a el ahijado, “Lo buscamos para saber si seguimos existiendo, / o para saber si nos colocamos el vestido de luto.”; a Jairo José, el paramilitar, “Tenía miedo Jairo José, lo sé, nos temía a nosotros; pobrecitos ingenuos, pobrecitos inocentes.”; a el Murciélago, “Con el primer impacto de la mano de pilón, / “El Murciélago” perdió el radar, / Se le salieron los ojos.”; a Viloria, “Viloria se murió del corazón después que los hombres le pidieron mil disculpas por haberse equivocado.”; a Ramiro el ciego, “decidió quedarse el día que todos abandonamos el pueblo.”; a el viejo Miguel, “Y la muerte, un fruto marchito que recogían los más viejos para rejuvenecer el alma y acercarse a Dios.”; ah sobre todo a el verdugo, “¿Qué harías tú, si fuera yo / El que blandiera el hacha…”, no son más que “heterónimos”, de un país con sus miles de víctimas delimitando la geografía nacional… y que el poeta las asume en carne propia, en el miedo, en el grito con su golpe y viceversa y si acaso también en el paisaje que cada uno reflejara en todas las células, “yo vi la luna triste el martes de carnaval”.

Si acaso entonces, la solución no la tendrá quien lance la primera piedra, sino quien desde sus versos de un “Poema Inicial” aproveche que Dios haga la siesta y que los poetas duerman… para que su voz edifique, como ya lo dijo Shakespeare: “el mundo está hecho de la misma materia con que se hacen los sueños”.

Gustavo H. Arrieta López Enero 19 de 2.009

1 comentario:

Macario Canario Vinilo dijo...

guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro poemas preciosos

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