AL MAR LA BOTELLA



Te he traído estos restos náufragos, 
y aunque parecen palabras o un grito ahogado 
son el bahareque abuelo de mi estirpe 
no puedo ofrecerte nada de lo que no soy. 

Fue una furia, un vendaval Tayrona, 
me azotó, me volvió escaramujo 
al son de aquellos vallenatos viejos por la madrugada. 

Fue tu voz la que mi sangre incendió
Fue tu voz eco del pasado
Fue tu voz ese licor de Dios

Nunca pensé que una mujer lograra tanto poder,
más que el de las balas, más que el de la fe...
más que el de toda la poesía oculta del amor.

Por eso he venido a traerte mis huesos de cardón,
mis años de chivo viejo y otra vaga ilusión de esta vida,
el verso de mi mochila de fique,
las pisadas de mis eternas botas,
para entregarte mi mundo entero y enseñarle a tu corazón
que no soy apariencia y aún me queda el renacer.

Tú sabrás, o quizá no, lo que haga por mí tu terrible belleza
pero es mi deber desbocar lo que sé que es destino:
mis espumas en tu playa.

Tavo Arrieta